Son alteraciones cráneofaciales congénitas producidas por defectos embriológicos en la formación de la cara que ocurren entre la cuarta y duodécima semana de gestación, siendo la sexta la de mayor riesgo. La fisura labio palatina constituye la malformación congénita más frecuente de la cara. Se requiere no solamente de la corrección quirúrgica de la patología sino también de un enfoque de atención multidisciplinaria y acompañamiento en el proceso de inclusión social.
El Labio Fisurado puede hacer que al bebé le resulte más difícil succionar del pezón, mientras que el Paladar fisurado puede provocar que la leche ingrese accidentalmente en la cavidad nasal, derivando en otras complicaciones. En caso de no ser atendido oportunamente, el paciente atraviesa muchas dificultades a lo largo de su vida, desde complicaciones respiratorias, para almientarse, de comunicación e incluso discriminación.